“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un
pedazo de continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de
tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa
de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me
disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas
preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”. (John Donne 1624)
Siempre se
acaba hablando bien de los muertos. Es lo que tiene de indulgente la muerte.
Siempre termina por dignificarnos. A veces han de morirse, da igual si es o no con
muerte digna, para que se valoren las acciones o se justifiquen los errores de los
fallecidos.
No faltan monaguillos
que repican ya con ahínco las campanas, a través de los medios de comunicación,
para anunciar la muerte del Partido
Andalucista. Como analistas del último minuto repiten, por enésima vez, las
claves del porqué de la desaparición de este partido y sintonizan con los medios
que, guardando siempre un sepulcral y alevoso silencio sobre él, ahora se desgañitan anunciando la
buena nueva de su muerte a todos los vientos. Es lo que de morboso tiene también
la muerte ajena.
Pero no pueden
valer las voces de sepultureros que antes no han sabido enterrar a sus propios
muertos, que en todos estos años no han sabido dar valor ni conciencia a un
Pueblo cuyo sentimiento nacionalista ni se acaba con el PA ni empieza con
quienes quieran capitanear un proyecto nuevo con los mismos planteamientos que
hace 35 años, porque ya no estamos en los ochenta.
Y este es el
esfuerzo que reclamamos los andaluces que nos sentimos Andalucistas y Nacionalistas
Andaluces. Ese es el acto de generosidad que reclamamos a quienes pueden
organizar y consensuar un nuevo proyecto
en el que nos veamos una inmensa mayoría de andaluces representados. Sin
prisas, por lo que no valen ni hacen falta los personalismos interesados y sí
se hace necesaria la participación y la sensatez a la hora de elaborar ese
programa, concreto y definido, que dé respuesta a las verdaderas necesidades
del Pueblo Andaluz.
Esta debería
ser la preocupación, y no otra, de quienes desde sus posiciones de influencia
intentan una vez más hablarnos de lo que debiera haber sido y no de lo queremos
que sea desde ahora en adelante.
La muerte del
PA, si sabe morir decentemente, hará un daño necesario al partido que tantas
veces, incluso con su propio beneplácito, le ha dado la puntilla en estos 35
años de régimen. A quien más le conviene ahora que el PA siga existiendo es al PSOE porque,
mientras esté, el Andalucismo lo tendrán
controlado, maniatado y expropiado como hasta ahora. Pero si el PA desaparece y el Andalucismo sabe
organizarse, entonces el PSOE no podrá controlar ni manipular a una fuerza que
siempre va a tener enfrente cuando decida postergar a Andalucía a un segundo
plano para contentar y aplacar las ansias soberanistas de otras Comunidades.

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