martes, 2 de diciembre de 2014

37 años después


Después de 37 años de aquel 4 de diciembre de 1977, la realidad sociopolítica, económica y cultural del Pueblo Andaluz ha sufrido un deterioro extremo gracias a las ineficaces políticas de los partidos centralistas, tanto en el Estado como en el Parlamento Andaluz, y a una continua estrategia dirigida a desprotegernos de toda señas de identidad, mediante la aculturación y la expropiación cultural. Todo en conjunto nos ha situado en los peores índices económicos, sociales y educativos de la Unión Europea. Y con el hecho real, además, de no tener ahora mismo ningún peso político ni protagonismo determinante en la posible configuración territorial y económica que, actualmente, empieza a plantearse en el Estado Español con la intención de calmar las aspiraciones soberanistas de Cataluña. Una vez más, estas fuerzas ajenas a nosotros y que nos gobiernan, intentan dejarnos a un lado despreciando nuestra historia, nuestra cultura y la lucha democrática con la que conseguimos la Autonomía plena.

Para alcanzar ese peso político y esa fuerza que contrarresten las aspiraciones de decidir por nosotros del gobierno central y sus aliados del norte, se repite una y otra vez la necesidad de tener un verdadero Poder Andaluz que salvaguarde y represente nuestros intereses y nuestras expectativas, enmarcado en un nuevo Ideal con valores impulsados por las propias fuerzas sociales andaluzas y que persigan el verdadero cambio social que necesita Andalucía.

Para este trabajo no hay exclusión posible. Todos los andaluces y andaluzas estamos llamados para luchar y trabajar, primero, por los derechos básicos que nos dignifiquen: derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la salud, a la cultura, etc., derechos que no están cubiertos en la actualidad gracias al fracaso de las políticas económicas y de corrupción de los partidos que nos gobiernan dentro y fuera de Andalucía. Y segundo, por la dignidad y conciencia de un Pueblo, el Andaluz, ridiculizado y menospreciado en todas sus expresiones culturales y lingüísticas.

El objetivo es conseguir un contexto de igualdad y de justas oportunidades, desde la lucha pacífica y de conciencia, y bajo la luz de contenidos y valores que hoy deben estar presentes y que aseguren una apertura a políticas realmente liberadoras para todos los colectivos que conforman Andalucía: igualdad entre los sexos, ecologismo, multiculturalismo, etc.

No debe haber resignación nunca más frente a la corrupción y abusos de poder, frente a las injusticias sociales, discriminación e incumplimiento de los derechos fundamentales, frente a las políticas despiadadas y usureras, basadas en el derroche y destrucción de los recursos, causantes del empobrecimiento de las personas y generadoras, hoy día, de la mayor infelicidad humana.

Pero 37 años después, de aquel 4 de diciembre, se dibuja un presente en el que, minuto a minuto, se traiciona el espíritu y la sangre, injustamente derramada, de aquel día. Por mucho que algún partido hoy se quiera adueñar del nombre de Manuel José García Caparrós, por mucho que las hipócritas voces del Parlamento Andaluz le hayan nombrado Hijo Predilecto de Andalucía, (y sin embargo los culpables de su asesinato nunca han pagado por ello), por mucho que este día se llene de escritos en los papeles y en las redes sociales o voceen manifiestos y griten proclamas, por muchas flores y coronas que se pongan en las ofrendas y algunas banderas se cuelguen en los balcones, no llegan a honrar ni una mínima gota de sangre de aquel asesinato, no llegan, ni por asomo, a acercarse a aquel espíritu de unidad y lucha por el respeto y la consideración de un Pueblo que, a pesar de todas las dificultades que le pusieron, conquistó su Autonomía.
 
 

Cada acto que se haga en este 4 de diciembre de 2014 traiciona al verdadero, envilece la sangre derramada, si los mismos que lo abandonaron como Día Nacional de Andalucía, solo lo utilizan para sus fines partidistas, si los que se llaman andaluces de conciencia, que deberían unirse ese día, por encima de todas las diferencias, lo celebran con timidez y casi a escondidas y con el cuidado extremo de no coincidir unos con otros.

Y aún lo traicionan más y lo envilecen más quienes hoy se quedan quietos y callados, aguantando que sean otros los que decidan por nosotros, quienes nos conforman, al igual que a una colonia, con cuatro baratijas a cambio de seguir con el expolio de nuestros recursos y nuestra gente, con el expolio de nuestros derechos y libertades a decidir como Pueblo.

Hoy se dignificaría el 4D cuando el propósito fuera la unidad en el esfuerzo y la acción del Pueblo Andaluz para trabajar por nuestra identidad, progreso y desarrollo, cuando el propósito fuera vivir un nuevo Ideal Andaluz inspirado en valores éticos e incorruptibles, en alcanzar sentimiento de pertenencia y capaces y dispuestos a alcanzar nuestro destino como Pueblo con el trabajo y persiguiendo la independencia económica.

Hoy se dignificaría el 4D apelando a los hombres y mujeres de luz para el momento histórico que ha llegado, para que los andaluces de origen y de conciencia, de sentimiento y de alma, estén dispuestos a luchar por el futuro de un Pueblo Andaluz unido y soberano, bajo la bandera de un grito que a todos los andaluces nos ha dignificado: ¡Viva Andalucía Libre!

Hoy se dignificaría el 4D si de verdad hubiera habido una política educadora de valores andalucistas, identitarios, que hubieran propagado nuestra historia más reciente y nuestros símbolos más transcendentes. El PSOE, a lo más que ha llegado en eso, es a celebrar el 28 de febrero, en las escuelas, con desayunos de pan y aceite con chocolate. Tan básico y asistido como viene siendo su gobierno en este régimen que ha implantado y que dura ya demasiados años.

El 4 de diciembre debería ser el día de la desvergüenza y la traición, del olvido y la sumisión de un Pueblo que busca en las formas lo que no es capaz de hacer en el fondo. A ver si de verdad desterramos ya tanta hipocresía y tantos golpes de pecho sobre corazones que, cuando no están vacíos, están vendidos a las limosnas o a sus amos de Madrid. No pervirtamos ahora, con nuestros tristes gestos conmemorativos, un día en el que Andalucía demostró su fuerza y su orgullo, aún manchado por el acto cobarde de unos asesinos y aún impregnado por la sangre inocente de un andaluz que quiso poner su bandera, la Nuestra, en lo más alto. Y por Dios que lo consiguió. En el mismo cielo la plantó.

 


 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Planteamiento base para un Nuevo Proyecto Andaluz


Albert Einstein decía que “locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Ignorancia es, cuando desencantado del resultado obtenido, pretendes encaminar tus acciones con intención de que vayan en contra de otros y no de alcanzar nuevos y más productivos resultados.
Hay dos formas de enfrentarse al mundo, bien por acción o bien por reacción.  Evidentemente los resultados de la acción tienen detrás planteamientos racionales y objetivos, análisis del pasado y programación del futuro al que se quiere hacer sostenible y del que uno se reconoce como protagonista.
Por el contrario, los resultados de la reacción parten siempre de creencias limitantes, sitúan a los demás como causa de su inmovilismo, se justifica en ellos, y cree que son los demás los que tienen que cambiar antes para él poder lograr sus objetivos. Es decir, posterga toda acción porque su vida depende del cambio de actitud de los demás. La conclusión más definitiva es que se siente víctima del mundo y sus circunstancias.
Evidentemente, a la hora de diseñar un nuevo Proyecto Andaluz, tenemos que ser mucho más proactivos que reactivos. Y desde esta premisa no vale recrearse en comparaciones, ataques o resentimientos que demuestran la fragilidad del que las hace y enturbian la sinceridad de todo el proyecto.
En Andalucía se dice, tal vez con menos finura que Einstein, pero mucho más gráfico, que con los mismos mimbres no se puede lograr hacer un cesto nuevo. Para hacer un cesto nuevo hace falta olvidarse de los viejos mimbres, de las viejas estructuras, incluso de las viejas reivindicaciones. Porque el pasado solo debe servirnos como aprendizaje para entender el presente y programar el futuro.
El presente ya sabemos cómo está. Y el presente Andaluz, el peor de todos. Y de ahí es de donde debe nacer otra forma de hacer las cosas. Las políticas en Andalucía de estos últimos 35 años del pan para hoy y el hambre para mañana, nos han traído a padecer, ya hoy, el hambre del mañana. Y ante esta situación ni valen palabras ni “postureos” políticos ni más engaños. Mimbres viejos y mediocres, recocidos y alimentados del biberón de los partidos, con políticas absurdas e improvisadas, reactivas e inútiles, es el material que sirve para que los partidos centralistas, que gobiernan la Junta de Andalucía, sigan haciendo sus pobres cestos de miseria y desolación, de incultura y corrupción, de mentira y ajenos, siempre, a las verdaderas necesidades de los andaluces.
No vamos a esperar a que estos partidos cambien, a que de nuevo quieran engañarnos con palabras de renovación y cambio del recambio como siempre han hecho. Vamos a ser proactivos, vamos a accionar de verdad, vamos a crear herramientas que verdaderamente nos sirvan a los andaluces para satisfacer nuestras necesidades, para recuperar nuestra cultura, siempre tan expropiada,  para adueñarnos de un destino que nos corresponde por nuestra singularidad, nuestra historia y nuestra responsabilidad como andaluces.
Un proyecto nuevo para un hombre nuevo que está por escribir y diseñar, pero que se hace necesario no perder un minuto más en comenzar el camino.
El libro de Tomas Gutier y Manuel Ruiz Romero, “Cara y cruz del Andalucismo”, nos da una serie de claves que nos pueden llevar a una reflexión muy productiva. Después de un análisis de la historia política de Andalucía desde la transición y del movimiento andalucista, no quedándose en la simple crítica, sino en el análisis profundo, plantean una reconstrucción del andalucismo y unas claves para el futuro que son de una consideración exquisita.
Quiero partir de una primera, la que expresan en el apartado “Manifiesto por Andalucía”, cuando textualmente declaran: “El andalucismo profesional ha muerto, es la hora del nacionalismo de conciencia” Y continúan luego diciendo: “Mienten quienes dicen que este pueblo no cree en sí mismo y es incapaz de autogobernarse; cuando conozca la existencia de un proyecto serio para Andalucía, podemos estar seguros que el pueblo Andaluz sabrá responder”.
Pues bien, ha llegado ese momento, el momento de realizar ese proyecto serio y con futuro para Andalucía. Y este proyecto, al igual que su desarrollo posterior,  debe constituirse desde la mayor participación de todos los andaluces preocupados por su tierra.
Y partiremos de planteamientos que ambos autores han resumido tan acertadamente que los transcribo de manera literal:
1.       Ha de ser un proyecto totalmente nuevo, diferente y atractivo. Tanto en el fondo como en la forma –más en el fondo que en la forma- y así debe exponerse y lograr que sea visto por el pueblo.
2.       Tiene que huir de personalismos y de intereses personales. Ha de ser algo conjunto y dirigido a quienes creen en Andalucía.
3.       Debe mostrar coherencia, sensatez y claridad ideológica, elaborando un proyecto  definido. Décadas de indefinición parecen suficientes.
4.       No puede ser algo exclusivamente electoral. El debate político, la cultura y la identidad, el ser andaluz, deben estar presentes en todo momento. Ni siquiera un nacionalismo con gran soporte electoral implicaría necesariamente, o ha implicado en muchos casos puntuales, más conciencia andaluza.
Y añaden, luego, algo fundamental: “El impulso de esta idea no debe llevarnos nunca al rechazo de otras propuestas de trabajo estratégico en común. Todo lo contrario. Es necesario estar presentes en su desarrollo, analizando, tanto su avance y evolución, como la viabilidad, conveniencia y posibilidad de sumarnos a las mismas. Contradictoriamente, las dos fechas más simbólicas para el andalucismo militante (4 de diciembre y 11 de agosto) sirven para escenificar la fragmentación de los nacionalistas”. (Esto último, desgraciadamente, lo volveremos a repetir para vergüenza de todos los andaluces el próximo y cercano 4 de diciembre de 2014)

 
Más verdad no puede decirse con tanta claridad. Por eso este nuevo proyecto tiene que tener como visión el de convertirse en un referente en el debate sobre el desarrollo y defensa de los intereses generales del Pueblo Andaluz, y ser punto de encuentro y de pensamiento de las diferentes organizaciones democráticas nacionalistas andaluzas.
Si el Nuevo Proyecto Nacionalista que se configure es capaz de enterrar para siempre a los personalismos y sus intereses, y centrarse en los intereses generales del Pueblo Andaluz, bajo un proyecto común que se comparta e ilusione; si es capaz de fomentar los valores e identidad del Pueblo Andaluz en la defensa y divulgación de su cultura y su propia singularidad; si es capaz, en definitiva, de conseguir su unidad y movilización hacia una lucha imparable por alcanzar un futuro diferente, en el que los andaluces seamos protagonistas y únicos responsables, tendrá futuro como organización política.
Si esos son los principios verdaderos por los que  se va a dirigir, si es capaz de diseñar programas formativos y estructuras firmes de participación para sus militantes y simpatizantes, posiblemente se abra la esperanza a un nuevo nacionalismo andaluz acorde a las exigencias que el siglo XXI impone. Tal vez podamos soñar de nuevo en volver a ser lo que fuimos, tal vez el nombre de Andalucía recobre el sentido que tantos años de aculturación, expropiación cultural y de políticas colonialistas le han quitado.

Estemos atentos y participativos a todo lo que vaya a ocurrir para que, finalmente, el poder político no se vaya nunca de las manos de los propios andaluces.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Andalucía Necesitada

 
Una vez más se está produciendo un debate en Andalucía ajeno a sus verdaderos problemas y situación actual. De nuevo, los medios andaluces se hartan de analizar fenómenos electorales y debatir encuestas políticas dejando a un lado las especificaciones concretas de Andalucía. Bien instruidos por los partidos centralistas que nos gobiernan en la Junta de Andalucía, acallan cualquier otra visión o interpretación de la realidad andaluza y nos meten en debates ajenos  y en problemas que realmente ni son los nuestros ni llegan a ser para nosotros prioritarios.

En Andalucía no se genera un debate nacionalista porque no interesa despertar conciencias tan adormecidas ya por los 35 años de régimen Pesoista. En Andalucía, marginal e individualmente, nos manifestamos unos cuantos que seguimos pensando que se hace necesario que exista un verdadero Poder Andaluz que luche y persiga los intereses de nuestro Pueblo. Pero esa marginalidad no es capaz de prender un debate que enganche de verdad y que fuerce a iniciativas electorales con una filosofía auténticamente andalucista y con un programa auténticamente andaluz.

Mientras tanto vienen a instaurarse a nuestra tierra partidos como Podemos o UPyD que, presumiblemente, van a repetir con Andalucía la misma historia  que el PSOE, PP e IU han hecho.

Nuestra realidad no interesa realmente a nadie porque aquí no se hace nunca ruido. Porque la miseria aísla. Porque la gran incultura y el analfabetismo funcional existente no van a permitir que nadie cuestione otra cosa que no se aplaque con más limosnas y la misma desconsideración de siempre del resto del Estado.

Andalucía no duerme, está narcotizada. La han convertido en adicta de la superficialidad. Sus mediocres políticos la quieren dependiente y sumisa. Y por eso la mantienen siempre necesitada  y nunca satisfecha. Siempre dependiente y asustada. Y aquí siguen debatiendo cuestiones que nos pillan de lejos, que no son acuciantes y nos quieren utilizar, de nuevo, como campo de batalla de guerras de las que siempre salimos perdiendo, las gane quien las gane, porque nunca son verdaderamente las nuestras.

 
Se hace necesario, en la coyuntura política que nos encontramos, un análisis serio y profundo, alejado de los razonamientos tópicos de siempre, de la urgencia de alcanzar un verdadero Poder Andaluz. Ha de ser, por puro principio práctico y de supervivencia, aglutinador, flexible, convergente y unificado entorno a la idea de alzar una voz auténticamente andaluza que nos represente en nuestras Instituciones y en las del Estado Español.
Si esta premisa no es capaz de reclamarla la propia sociedad andaluza para las próximas elecciones, perdemos, en mi opinión, una vez más la oportunidad de aunar fuerzas y voluntades y de que el sentimiento Andalucista o del Nacionalismo Andaluz se quedé finalmente marginal o como bandera puramente gráfica de aislados grupúsculos sin futuro alguno.
Esta responsabilidad histórica de conseguirlo, por numerosos motivos y la propia y reciente historia, debe ser liderada en un consenso político que mire más el sentido práctico que, incluso, el puramente ideológico. Y ese consenso político debe plasmarse en un Programa Electoral que consiga el apoyo y recomendación de todas las organizaciones que luchan y se preocupan por Andalucía con un claro carácter andalucista.
Si no existe en la actualidad un partido capaz de afrontar este reto y trascender a sus propios intereses, con el objetivo general de liderar y aglutinar tendencias nacionalistas de las diferentes Asociaciones, partidos minoritarios y Foros andaluces, habrá que crearlo.
Capaz, además, de establecer pautas políticas determinadas que aseguren en un futuro la existencia de ese Poder Andaluz, con unos principios consensuados que harían bandera en un Nacionalismo que los partidos centralistas nuca se atreverían a expropiar como lo han hecho con otras reivindicaciones e ideas surgidas del Andalucismo histórico.
        Pero además, y por el puro principio de satisfacer las necesidades  de la sociedad andaluza, cuando éstas no han sido solucionadas por los partidos centralistas, deben ser recogidas por este partido como parte de su programa político e ideológico. De ahí también la necesidad de conexión directa con muchas de las reivindicaciones surgidas tras los últimos movimientos sociales y las necesidades más extremas que está padeciendo gran parte de Andalucía.
                Las diferentes situaciones reclaman también diferentes liderazgos. Y para esta nueva situación que se abre, se necesita de un Liderazgo nuevo y concluyente, con habilidades infinitas de consenso y simplificación, y orientadas al medio y largo plazo, dejando muy claro cuál es su identificación, comunicando un mensaje nítido donde, sin lugar a dudas, se expresen las ideas programáticas, la diferenciación de su estructura y la novedad con respecto al resto de partidos. El hecho diferencial, es decir las ventajas, es lo que se argumenta en los procesos de venta para que los clientes opten por un producto u otro. En este caso, la argumentación, debe estar bien definida y muy diferenciada de los principios programáticos que esgrimen los partidos centralistas, de sus estructuras organizativas y de las conductas viciadas y corruptas que les viene caracterizando.
Una nueva visión y un nuevo Ideal que verdaderamente nos dé alas de libertad y dominio sobre nuestro propio destino como Pueblo.


 

domingo, 3 de agosto de 2014

La Andalucía unida como única alternativa

En respuesta al artículo "La Andalucía federal como única alternativa" de Pedro I. Altamirano, (Gomeres) en La Hora de Málaga de 3/08/14.

http://www.lahorademalaga.com/portada/la-andalucia-federal-como-unica-alternativa/


     A la incompetencia manifiesta de la Junta de Andalucía y del partido que la representa, que durante 35 años no ha sabido sacar a Andalucía del pozo sin fondo del subdesarrollo, se le suman las políticas llevadas a cabo por el gobierno central, a veces confrontadas cuando el partido de uno y otro lado no es del mismo color, y la intervención e inferencia de los partidos nacionalistas catalán y vasco que siempre han dejado de lado a Andalucía.  Aquí, entre todos la mataron y ella sola se está muriendo de inapetencia, desgana, apatía y miseria.
     Se le podría añadir, además, comportamientos de otros partidos, acuerdos desacertados, una oposición sin ideas y sin liderazgo y un nacionalismo andaluz herido de muerte que no termina de enganchar a los andaluces que verdaderamente nos sentimos andalucistas y nacionalistas.
     El derroche económico de la corrupción que representa el PSOE en Andalucía, sus políticas proteccionistas de subvenciones sin control y de clientelismo político, han conformado una cultura conformista, individualista y sin conciencia en la que, elecciones tras elecciones, se asegura su voto y su apoyo. Y en este aspecto, todas y cada una de las provincias de Andalucía, se han visto perjudicadas y maltratadas. No hay más que echar un vistazo a los índices de paro de cada una de ellas. Pero es  más, el estado de las carreteras, el corredor ferroviario o la verdadera vertebración de Andalucía a través de redes de comunicación, tiene un responsable claro que no se llama centralismo sevillano, sino incompetencia del PSOE, el partido que ha gobernado a Andalucía durante 35 años y al que, las encuestas más recientes, empiezan a pronosticarle que ganará las próximas.
     Y ante esta realidad podemos hacer uso de la interpretación que queramos, pero utilizando el principio de Pareto (o regla del 80-20) que se centra en “los pocos de mucho y los muchos de poco” en las proporciones de 80-20, el 80% de los problemas de Andalucía se pueden solucionar, si se eliminan el 20% de las causas que los originan. Y te aseguro que en ese 20% no vas a encontrar ni al PA ni al centralismo sevillano como causas del 80% de los problemas andaluces. Por lo tanto centrémonos en combatir a ese 20% de causas en las que, sin duda, están las políticas económicas y educativas de la Junta, la corrupción del PSOE y su sindicato, la incultura política  y de conciencia…
     Para solucionar este desastre, deben empezar a florecer plataformas y foros ciudadanos, ideas y opciones que persigan, de forma rotunda y persistente, la conformación de un auténtico Poder Andaluz que lleve un programa lo más consensuado posible, que afronte los problemas más graves de Andalucía y no obvie una configuración más práctica y justa del territorio andaluz.



     De este modo, apuesto por un renovado Andalucismo integrador, solidario y unido que aporte verdaderos valores sociales, lejos de la corrupción y el clientelismo a los que nos tiene acostumbrado el PSOE, que empiece a cumplir el lema de nuestra bandera, “Andalucía por sí”, un Andalucismo nacido de las inquietudes y la conciencia de los propios andaluces, verdaderos protagonistas de su vida y del desarrollo del País Andaluz.
     Los Andalucistas que creemos en la idea de una Andalucía con independencia económica, lejos del subdesarrollo y la incultura actual, debemos insistir en que cada vez sean más los andaluces que se sumen al proyecto, combatir los gestos y las políticas fracasadas de quienes durante 35 años nos están gobernando, y hacerlo desde un nacionalismo de conciencia que respalde un proyecto andaluz que asegure el progreso y desarrollo de Andalucía, un nuevo Ideal Andaluz aglutinador que nos enriquezca como Pueblo y personas.
     Una Andalucía unida en su diversidad, pero consciente de su destino y de su historia, generosa y solidaria y alejada de enfrentamientos improductivos que nos debilitan. Como decía Blas Infante, mientras los conejos discuten, los perros llegan. Mientras los Andalucistas nos enfrentamos unos con otros, los partidos centralistas se ríen y se llevan los votos. Es el momento de que cambiemos a Andalucía, el momento de que todos juntos conquistemos un Poder Andaluz que nos dignifique como andaluces y como Pueblo. Y en esa lucha,  podemos estar todos. Debemos estar todos.
                                                        ¡Viva Andalucía Libre!
 
Isidoro Ropero

domingo, 27 de julio de 2014

Andalucía, bajo la dictadura de la mediocridad




Los mediocres se abren paso en los partidos políticos  con un servilismo extremo a los que mandan, sin ningún sentido de autocrítica y utilizando a la política instrumentalmente como medio de ganarse la vida.  El actual sistema electoral, proporcional y con listas cerradas y bloqueadas, permite que los mediocres puedan conseguir puestos relevantes en sus respectivos partidos políticos y, por ende, en las instituciones.

Los mediocres, para ser más completos, suelen llevar en su haber otras características que utilizan con habilidad y empeño: la mentira, la incompetencia, la envidia, la corrupción, la hipocresía, la falta de escrúpulos… todo ello disimulado en un discurso de estereotipadas formas y sin fondo alguno.

En Andalucía, al igual que en el resto de España, al comienzo de la Democracia la mayoría de políticos elegidos venían de la Universidad, la cultura, la empresa, altos funcionarios o profesiones liberales de las que vivían. El hecho de dedicarse a la política respondía a necesidades de autorrealización y servicio más que a satisfacer necesidades de supervivencia.

                Todo eso ha cambiado en la actualidad. Ahora se dedican a la política quienes se han criado bajo el biberón de los partidos políticos, quienes tienen a la política como su medio de vida y no precisamente como un acto de servicio a la comunidad.

El concepto de las “élites extractivas”, propagado por los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson, y que el economista español César Molinas ha aplicado a la situación política española, se define como “un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”. Se caracteriza porque prevalece el interés particular o el del partido al bien común y general. Y por este interés particular se aprovecha y mantiene el actual sistema electoral que les beneficia, no se responsabilizan ni pagan por las propias burbujas económicas que los políticos han creado o fomentan, ni por las cuestionadas subvenciones que conceden o las grandes e inútiles obras de infraestructuras que realizan.

 Para ser político no se exige nada, no hay un mínimo de estudios, experiencia laboral, máster o especializaciones como requisitos indispensables para ejercer como tal. En ninguna otra profesión ocurre algo parecido. Es decir, que no pasan por ningún proceso selectivo que permita escoger a los mejores. Tampoco en el seno de los propios partidos políticos, como se ha apuntado, se les abre camino a los más preparados, formados o con mejor experiencia laboral. Basta con la actitud, con ella suplen todo su desconocimiento y justifican la labor de los asesores para recibir la información necesaria que les ayude a tomar sus decisiones. “Es como si una persona, que no tiene ningún conocimiento médico, tuviera que decidir si opera o no y en qué condiciones lo haría, a un paciente tras recibir las informaciones de sus asesores médicos”. Parece absurdo.

Si estamos de acuerdo en que un político no puede saberlo todo, dado el extenso número de campos donde ejerce su trabajo, y que necesita el asesoramiento técnico de otras personas,  también convendríamos en que debería tener unos mínimos que les permita hacer su trabajo de la manera más eficaz y eficiente posible, que manejara técnicas para la dirección de equipos, idiomas, herramientas de gestión y conocimiento sobre disciplinas que se hacen imprescindibles  en sus relaciones y trabajo diarios.

Cuando ni siquiera se tienen esos mínimos, que por otro lado nadie exige, cuando no se ha hecho otra cosa que vivir al resguardo del partido y esa sigue siendo la finalidad, cuando la única experiencia profesional se reduce a organizar eventos, hacer la pelota a la alta dirección y a no cuestionarse ningún principio, salvo el de hacer todo lo que haga falta para facilitarse la supervivencia, estamos frente a la imagen fidedigna de los políticos actuales, rodeándose de mediocres como ellos que ni cuestionen ni desbanquen, fieles a la máxima de satisfacer sus propias necesidades e intereses.

La mediocridad llama a la mediocridad. Hombres mediocres harán políticas mediocres que se alejarán de lo objetivo y racional para refugiarse en la ambigüedad de lo emocional, en la confrontación y señalando sus fracasos e ineptitud como resultado de causas externas a ellos o del pasado.  Esos Presidentes que recurren al tópico de las dos Españas para desviar su incompetencia e inoperancia, a los que reescriben la historia en busca del victimismo necesario que señalen a otros de los males que ellos han creado o no saben solucionar, son claros ejemplos de ello.

Esa mediocridad que intenta resolver los grandes problemas de los ciudadanos aumentándolos con su infinita incompetencia, desde el atrevimiento de su ignorancia, improvisando todo cuanto deciden y con la máxima puesta en no contrariar a sus jefes de Madrid, es la que padece Andalucía desde hace muchos años.

Y la mediocridad también gana adeptos. Sirve de ejemplo para otros miles que ven que no hace falta gran preparación para ocupar puestos de nivel, y la política así se convierte en el refugio de los inútiles y estúpidos que buscan vivir de ella y, si se lo permiten, lo mejor posible.

               Este micro relato titulado “La guerra de los mediocres” simula muy bien todo lo que se intenta explicar:
“No es difícil hacerse con el poder. Solo necesitamos constancia, estar en el momento preciso y en el lugar oportuno. Sabemos que nuestra inteligencia es muy limitada, pero sabemos cansar al inteligente. En cada puesto que conquistemos, nos haremos rodear de otros como nosotros. No huyáis de aquél que pueda haceros sombra. Combatidlo. Echad al honrado y al escrupuloso. Basta con tentarlo continuamente, hasta que caiga o desista. Si os dedicáis a la política, haced clientelismo y comprad voluntades. Que sepan que, si no os apoyan, no recibirán nada. Vivid solo de la política, para que os entreguéis a ella en cuerpo y alma. No toméis decisiones que os comprometan y no dimitáis nunca. Utilizad la ambigüedad con maestría y, en caso de llegar ante la justicia, decid siempre que sois honorables e inocentes. Difama, que siempre queda. Y haced que se sacrifiquen siempre los demás. Culpadles, también, de todo lo malo que ocurra. ¡El mundo es nuestro!”
 

35 años es tiempo suficiente para darle la vuelta a un país. Es tiempo más que suficiente para desplegar planes educativos eficaces y no para ser la primera comunidad en fracaso escolar; es tiempo suficiente para haber desplegado miles de planes de empleo y haber revisado su eficacia y poder corregir las desviaciones, no para consentir que seamos la Comunidad de Europa con mayor tasa de paro, no para ser referencia de la desvergüenza y la corrupción, no para que una inmensa mayoría de andaluces estén en extrema necesidad… y así un largo etcétera de desgracias que sitúan a Andalucía en el mismo lugar de España y Europa que antes de la Democracia.

Estas son las consecuencias de las nuevas dictaduras de los mediocres. Porque carecen de inteligencia, ideas e iniciativas innovadoras para solucionar los grandes problemas que nos atenazan a los ciudadanos. Porque su única preocupación es perpetuarse en el poder a través de la manipulación de las masas, ayudados con la mentira y los medios de comunicación previamente subvencionados. Porque traicionan y arruinan constantemente valores fundamentales que deberían ser principios indiscutibles de actuación, y que ellos no tienen: esfuerzo, trabajo, solidaridad, honradez, respeto…

35 años de régimen Pesoista en Andalucía han servido para situar a todos los mediocres en el poder del partido y de la Junta, sectarios, sin sentido autocrítico y con casos de corrupción hasta en la sopa, han conseguido adormilar a un pueblo, acostumbrado a la supervivencia y las dificultades, para hacerlo además triste y menesteroso, pobre y emigrante, y sin ninguna capacidad de reacción, dispuesto a volver a repetir su historia de miserias hasta el infinito; un Pueblo crucificado en el tópico, con una Televisión pública que no descuida un segundo para ahondar en ello con sus patéticos programas, sus retransmisiones feriales y sus informativos manipulados; un Pueblo adormecido y domado, que traiciona su esencia y a quienes llegaron a sacrificar hasta la propia vida por él.

Y triste también, es que todo esto pase frente a otro partido centralista, en la oposición, igual de mediocre, estéril y servidor de su amo de Madrid. Y así nos va en esta bendita tierra de Andalucía. Apenas sin esperanzas.

martes, 7 de enero de 2014

FILOSOFÍA DE LA NECESIDAD


La necesidad, según Aristóteles, envuelve la idea de algo inevitable porque se opone al movimiento voluntario y reflexivo. Toda necesidad es una cosa aflictiva y, por ello, tenemos la tendencia inevitable de buscar satisfacerla. ¿Pero en qué orden? ¿Cuál sería la primera necesidad a satisfacer? ¿Qué otra le seguiría? ¿Con cuáles se terminarían?
Hace 70 años Maslow, en su libro: “Una teoría sobre la motivación humana”, se atrevió a jerarquizar las necesidades humanas y postular que, a medida que las necesidades más básicas se satisfacen, las personas tienden luego a desarrollar y satisfacer necesidades más elevadas. Esa jerarquía, que representó en forma de pirámide y en cinco niveles, comenzaría por las necesidades básicas, situadas en la base de la pirámide, y que responderían a las necesidades fisiológicas como la alimentación, el descanso o el sexo. En el segundo nivel sitúa a las de Seguridad que tienen que ver con la seguridad física, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud y de propiedad privada. En un tercer nivel se encuentran las necesidades de Afiliación o Sociales, relacionadas con la amistad, afecto, intimidad sexual o sentimiento de pertenencia. Les sigue las de Reconocimiento, que atañen al autorreconocimiento, confianza, respeto y éxito. Y por último, en el quinto nivel y en la cúpula de la pirámide, están las necesidades de Autorrealización o Autoestima que afectan a la moralidad, creatividad, espontaneidad, falta de prejuicios, aceptación de hechos y resolución de problemas.


Según esta teoría, nos ocuparemos de las necesidades más altas solo cuando antes se han satisfecho nuestras necesidades inferiores. Es decir, solo nos ocuparemos de temas relacionados con la autorrealización si  antes tenemos una seguridad de empleo, acceso a alimentos y vivienda y una integración social que nos dispone a sentimientos de confianza, éxito y reconocimiento.
También se desprende la lógica conclusión que, si un Estado quiere mantener a una población entretenida en los niveles básicos de la pirámide, intentará por todos los medios que nunca queden satisfechas suficientemente esas necesidades fisiológicas o de seguridad, con la intención de que no sienta interés en avanzar hacia las capas superiores de la pirámide. Con ello impide que se tengan otras motivaciones que puedan cuestionar al propio Estado o su poder, o que lleguen a crearse sentimientos de pertenencia, o los individuos se deshagan de complejos e inseguridades y consigan plantear alternativas y soluciones distintas a las que el Poder o el Estado quiere implantar con sus políticas.
Está claro que en Andalucía se viene manteniendo una política colonial que responde a este sutil planteamiento de tenernos siempre ocupados en satisfacer las necesidades básicas y olvidarnos de otros planteamientos. “El pan para hoy y hambre para mañana” es la gestión más usada por quienes quieren subyugar a un pueblo para seguir utilizándolo, para que no pierda su condición de dependencia ni se atreva a levantarse al poder establecido. ¿Se van a desarrollar en Andalucía inquietudes soberanistas, por ejemplo, cuando los esfuerzos están centrados en conseguir el alimento o la vivienda? Si incluso quienes tienen el alimento y la vivienda asegurada, paralizan sus energías para mantener ese estatus frente al miedo de poder perderlo o con el fin de ayudar a los familiares que no lo tienen, sin querer preocuparse de otros estadios superiores de la pirámide.
Existe una Sociología de la Pobreza, incluso se habla de una Psicología de la Pobreza, estudiada en contextos de poblaciones en vías de desarrollo, o donde las diferencias de las clases sociales son extremadamente radicales y se intentan atender, además, desde un aspecto clínico. Y también existe una Filosofía de la Necesidad que se desprende de políticas premeditadas y dirigidas a la manipulación de un Pueblo, con el fin de conseguir en sus habitantes sentimientos de dependencia, impotencia e inferioridad que les provoque un bajo nivel de aspiraciones de autorrealización.
 
Andalucía, como colonia económica y cultural del resto del Estado Español, viene sufriendo estas políticas que buscan, ante todo, anular toda seña de identidad, todo sentimiento de pertenencia y toda autoestima colectiva que podamos alcanzar. Y para ello, tanto desde dentro de nuestro País como desde fuera, se despliegan políticas de subvención, proteccionistas y, últimamente, de pura beneficencia, con las que no se genera riqueza para el futuro y las que siguen haciéndonos dependientes y acomplejados social y económicamente.
En cuanto a lo cultural, pasa exactamente lo mismo. Aquello cuyo origen es andaluz pero que alcanza un reconocimiento internacional pasa a denominarse español. Aquello que se considera inculto o desprestigiado, es andaluz, volviendo a retroalimentarse esa visión pobre, acomplejada y victimista que los andaluces padecemos ante nosotros mismos y que influye luego negativamente sobre nuestras creencias y valores, nuestras capacidades y conductas.
Para luchar contra todo eso no basta ya con responder a la Filosofía de la Necesidad con la satisfacción de las necesidades básicas. Hay algo más complejo y psicológico que debe potenciarse e ir dirigido, en lo que en la Programación Neurolingüística se ha denominado “Niveles Lógicos del Pensamiento”, a fortalecer una constructiva Identidad Andaluza que consiga establecer en los andaluces valores y creencias capaces de generar conductas que busquen la transformación profunda de nuestra tierra. Todo nuestro esfuerzo debe estar centrado en crear, formar y potenciar esa Identidad que será motor de todo lo demás. Empecemos ya, para que la Filosofía de la Necesidad se convierta en Necesidad de la Filosofía.

Isidoro Ropero
Enero de 2014