viernes, 31 de agosto de 2012

LA NECESIDAD DE UN PODER ANDALUZ



      No es de ahora, pero quizás ahora se hace aún más necesaria la existencia de un verdadero Poder Andaluz. Nunca ha existido de veras, ni siquiera en aquellos años en que Andalucía tenía voz y acento propio en el Congreso de los Diputados a través del Partido Socialista de Andalucía (PSA). Hoy no hay nada, ni siquiera en nuestro propio Parlamento se alza una voz auténticamente andaluza, aunque sí se escuche el acento. Un acento aprendido por los partidos centralistas que, oportunos, han sabido expropiar el discurso y la estética andalucista, más obligados por los oportunismos electorales que por una verdadera conciencia.

     Andalucía, aunque sólo sea por la actual coyuntura política, sin entrar siquiera en el tema de los sentimientos nacionalistas, necesita un Poder Andaluz que salvaguarde y plantee nuestros intereses y nuestras expectativas. No tienen cabida en ninguno de los partidos que hoy copan el Parlamento Andaluz, menos aún, en el partido que ha gobernado a Andalucía durante 32 años bajo un régimen que ha fomentado el tópico, como referente andaluz, y que ha intervenido de manera partidista, favoreciendo u opositando, según el partido que gobernara en Madrid. Eso, sin entrar ahora en toda la corrupción y abuso de poder que ha tenido.

     Pero la necesidad de un auténtico Poder Andaluz conlleva también la fortaleza de formaciones políticas nacionalistas que en Andalucía, por diversos motivos, nunca han llegado a cuajar del todo. Tal vez porque no existe una clara expresión de voto hacia esas formaciones, ayudado por un sentimiento claramente españolista que deposita su confianza en los partidos centralistas; o bien, porque tampoco ha surgido aún un auténtico  partido nacionalista que no se pierda en continuos errores de liderazgo y ambigüedades ideológicas.

     Las recientes movilizaciones protagonizadas por el SAT no han arrancado ningún comentario de adhesión por parte de las formaciones andalucistas, principalmente por el PA. Ha caído en la misma trampa de condena que el resto de partidos y sólo IU, en esa hipócrita esquizofrenia que padece, ha querido rentabilizarlas para sacar su propio provecho. Se equivoca el SAT si cree que IU, cómplice de gobierno del corrupto PSOE en Andalucía, va a ser el partido que los represente.

     Más que nunca se presenta una oportunidad clave para la formación de un Bloque Nacionalista Andaluz que, con la generosidad de todas los partidos políticos y fuerzas sindicales que lo quieran formar, consensue un programa, lo más amplio posible, y se presenten a las próximas elecciones generales y autonómicas.

     Andalucía, el granero de votos de los partidos centralistas, no explota la fuerza natural que tiene al ser la comunidad más poblada del Estado Español, la que podría decidir, si contara con una fuerza política propia, muchas de las políticas ejecutadas por España y que, hasta ahora, han decidido siempre los políticos vascos y catalanes y quienes no desean de ninguna de las maneras, al igual que los partidos centralistas, que Andalucía tenga su propia voz y su propia representación.

 

LAS FORMAS Y EL FONDO



Vivimos en el mundo de las formas. En el mundo de las apariencias que también son formas. En el mundo de los gestos que siguen siendo formas. En el mundo de la televisión que es un continuo cañoneo de formas… Ni siquiera el periodismo se salva de esa incesante incursión y recreo en las formas.

El fondo se elude o se confunde en sus formas. No se critican ideas, sino las formas en que se llevan a cabo o la forma de exponerlas. Nos suelen perder las formas o, bien gestionadas, nos ayudan a alcanzar nuestros propósitos aunque, en algunos casos, el fondo no llegue a ser muy ensalzable.

Tal vez el fondo no justifique las formas como el fin no justifica casi nunca los medios. Esta situación llega a producir una inmovilidad absoluta en tanto en cuanto la forma, que es el despliegue, está continuamente cuestionada; mientras que el fondo, que es el enfoque, no pasa de ser simplemente sugerido.

Las acciones reivindicativas, simbólicas o de lucha abierta que ha emprendido el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), y que se han personificado en las figuras de Sánchez Gordillo y Diego Cañamero, han dado tanto que hablar que no ha habido medio informativo, nacional o extranjero, que no lo haya recogido dándole su personal explicación o interpretación. La mayoría de críticas recibidas se han centrado en las formas, incluso sobre supuestas y falsas formas que se les ha imputado gratuitamente, intentado desprestigiar el fondo de las acciones. El resultado conseguido por esos medios de comunicación, lejos de su intento de inmolar a los protagonistas o quitarles credibilidad, con su salta de mentiras, han logrado una mayor simpatía y una mayor adhesión a la causa por la que están luchando.



Por otro lado, en la mayoría de entrevistas televisivas que han podido verse en este tiempo, todos los esfuerzos de los periodistas o entrevistadores se han centrado en las formas, ninguno ha cuestionado seriamente el fondo. Tal vez porque nadie se atreve a cuestionarlo abiertamente, porque está cargado de muchas razones y porque tiene un peso que toca una dimensión sensible y difícilmente censurable: el Estado de Extrema Necesidad.